La importancia de elegir a profesionales para el cuidado familiar

La importancia de elegir a profesionales para el cuidado familiar

Para nadie es un secreto que, a día de hoy, el ritmo de vida es bastante alocado y que en muchos casos no podemos disfrutar de nuestra familia o atender aquellos casos complicados, por una cuestión de tiempo. Cuando esto pasa, por lo general se busca la ayuda de personas que puedan echarnos una mano en la atención de nuestros seres queridos.

En este caso, la elección debería pasar por varios filtros, que ayudarán a los miembros de la familia a escoger a la persona que mejor se adapte a sus necesidades, pues es fundamental recalcar que cuando se trabaja con personas, hay muchas características personales que se deben evaluar antes de tomar una decisión.

La tarea de un cuidador no es sencilla, sin importar si se trata de niños pequeños, adultos mayores o de una persona con alguna enfermedad, sus labores son agotadoras y es fundamental que esta persona esté capacitada para ellas. Según los especialistas de Servicio Doméstico Sant Pau, contar con profesionales en el área de cuidado es lo mejor en casos de este tipo y esto se debe a que ya han pasado por diferentes filtros en lo que a los aspirantes se les ha evaluado no solamente sus conocimientos, sino también en qué área se desempeñan mejor.

Para las familias, elegir a una persona que trabaje cuidando a alguno de sus miembros implica no solamente tener a una persona ajena dentro de casa, sino también confiarles la seguridad de quien necesite la supervisión. Por ello, contar con profesionales es la mejor opción.

Por lo general, una persona calificada para ser cuidador tiene las siguientes características:

  • Empatía: La empatía es la facilidad que tiene un individuo de poder sentirse identificado con las situaciones que viven otras personas. En el caso de los cuidadores, esta es una característica fundamental, pues es prioritaria para poder entender los buenos y malos días de quien recibe las atenciones. La empatía y la vocación -de la que hablaremos más adelante-, son rasgos fundamentales de la personalidad de cualquier cuidador.
  • Vocación: Como mencionamos antes, este es uno de los rasgos fundamentales cuando se es cuidador. En este caso en particular, la vocación significa que le gusta dedicar parte de su tiempo a atender a otras personas. Una persona que quiera dedicarse al cuidado de personas a nivel profesional debe saber que, si bien es un trabajo agotador, el bienestar de quien recibe sus atenciones es lo más importante.
  • Habilidades sociales: Saber comunicarse efectivamente es fundamental para crear lazos de confianza con la familia. Es por ello que las habilidades sociales son tan importantes para el cuidador profesional. Ser simpático, correcto, claro y respetuoso, es la mejor manera de hacer llegar el mensaje a los familiares y a quien recibe los cuidados.
  • Previsión: Cuando se es cuidador profesional, se toma muy en serio la prevención de los accidentes, por ello se les pide a los familiares un listado de alergias, afecciones generales, así como también los horarios establecidos para medicamentos, entre otros aspectos que puedan ser de interés según el caso. La previsión es la mejor herramienta para disminuir las situaciones de riesgo.
  • Formación especializada: El conocimiento es poder y esa regla se aplica también a los cuidados de niños, adultos mayores o personas con algún tipo de enfermedad o condición física o intelectual. En ese caso, las atenciones deben ser dadas por personas que tengan formación en el área, pues es importante que la atención y cuidados que se ofrezcan sean las adecuadas según las necesidades individuales de la persona. No es lo mismo el cuidado que requiere un adulto mayor, al que requiere un niño y por ende, serían profesionales con formación distinta.
  • Inteligencia emocional: Un cuidador debe saber controlar sus emociones y también ayudar a la otra persona a gestionar las suyas de la mejor manera, pero respetándolas y buscando la forma de ayudar a sobrellevar la situación.
  • Paciencia: Este aspecto es igual de importante a todos los anteriores, y esto se debe a que un cuidador que no es paciente, puede llegar a atender de mala manera. La compresión, tolerancia y respeto hacia las otras personas y su situación es fundamental y va de la mano con la empatía.
  • Tener una buena actitud: Si bien es evidente que tener la responsabilidad de cuidar a alguien es un trabajo muy exigente, un buen cuidador consigue mantener la buena actitud, ayudando a la persona a quien atiende a mejorar su estado de ánimo. Esa buena energía se debe mantener sin importar cuál es la condición de la persona, pues le ayudará a sobreponerse ante los momentos difíciles.

Cuando se necesita contactar con un cuidador profesional, lo ideal es hacerlo de la mano de agencias especializadas, en las que los filtros de selección hacen un trabajo inicial, asegurando que quienes están es sus filas, cuentan con todas las actitudes, aptitudes y formación especializada en el área de atención. Esto que significa que, a la hora de elegir, las familias no deben preocuparse por encontrar a uno que tenga las cualidades que ya hemos mencionado, sino de elegir el que mejor encaje en su dinámica familiar.

¿Cómo elegir a un buen cuidador?

Ya hemos hablado de lo que debe ser un buen cuidador, pero ahora es importante que sepamos cómo elegir uno. Los especialistas recomiendan seguir una serie de pasos que facilitan encontrar el cuidador ideal, según las necesidades de la familia, estos son:

  • Comprobación de experiencia: La confianza es algo que se consigue con el tiempo, y la mejor manera de comenzar una relación familia/cuidador es comprobando las referencias que este ofrece. Conversar con anteriores familias que trabajaron con los cuidadores, es una forma de conocer su experiencia y la calidad del trabajo. Los testimonios de las personas pueden dar una idea de la metodología que utiliza, así como también de su comportamiento con la persona de la que será responsable.
  • Planificación de la entrevista: Al momento de sentarnos a conversar con un posible aspirante a cuidador de nuestros seres queridos, muchas cosas se nos pueden olvidar. Por ello es fundamental preparar con antelación las preguntas a realizar, de manera que no necesitemos de múltiples encuentros, sino de uno que sea verdaderamente eficiente y que nos permita tener una idea general de si nos conviene o no.
  • Atención a la educación, modales y presencia: Los cuidadores se convierten a largo plazo en personas cercanas al núcleo familiar, por ello es fundamental que evaluemos su presencia, su educación a la hora de dirigirse a las personas y sus modales a nivel general, pues esto dice mucho de cómo será su comportamiento a mediano y largo plazo. En relación a la presencia no se trata de vestimenta costosa, sino de limpieza, orden y cuidado.
  • Definir horarios de trabajo: Los cuidadores, así como nosotros tienen familias y obligaciones fuera de su horario laboral. Por ello es fundamental tener muy definido cuál es el horario de atención que se necesita, si se trata de un cuidador interno o externo y cuáles son las condiciones en ambos casos. Esto debe estar muy claro desde el comienzo de la relación familia/cuidador, ya que puede ser un problema a largo plazo. Ambas partes deben ser responsables en respetar y cumplir con los acuerdos a los que se llegaron.
  • Comunica cuales son las normas y condiciones a seguir en relación al cuidado de la persona: Esto es tan fundamental como definir el horario, pues se trata de especificar cómo se espera que sea el trabajo del cuidador, los horarios y rutinas que deben cumplirse, así como también las necesidades especiales que deben ser atendidas.
  • Escuchar cuáles son sus normativas y condiciones en relación al trabajo: Así como nosotros como familia tenemos normas y condiciones necesarias para un cuidador, este tiene las suyas en relación a su trabajo y a lo que necesita para cumplir con sus labores de forma eficiente. Como responsables, debemos hacer todas las preguntas que consideremos necesarias para poder hacer un mapa comparativo entre lo que el cuidador nos dice y lo que nosotros queremos, pues esa será la forma de saber si es el correcto o no, según nuestras necesidades.

Al finalizar esta parte del proceso de selección, se suele recomendar que el cuidador se dirija a la persona a la que atenderá y pase un par de horas con ella. Esto tiene como finalidad que ambos se conozcan y descubran si tienen química entre ellos.

Recordemos que no todas las personas somos iguales y hay personas con las que se siente una afinidad desde el primer momento y otras con las que también existe un rechazo inmediato. Por ello es importante que se conozcan y que se evalúe el comportamiento de ambos, cuidador y cuidado, para saber si en efecto podrán ser compatibles a largo plazo.

Contar con un cuidador profesional es la mejor manera de atender a nuestros seres queridos y de darles una mejor calidad de vida, por ello es tan importante tomarse el tiempo necesario para encontrar el que sea el mejor para nuestra familia pues, en efecto, es una decisión que nos afectará a todos.